Alessia Vittoria Bellerose
—Si bajas —advierte—, yo voy contigo.
—Lo sé.
—No se queda a solas contigo.
—No lo pedí.
—Si te alteras, sales.
—Si me altero, me sostienes.
La frase queda entre nosotros. Dante baja la mirada a mis manos. Después a mi rostro. Y entonces, desde que dije que no recordaba su voz, veo que algo vuelve a acomodarse en sus ojos. No es alivio. No exactamente.
Es propósito.
—Eso sí puedo hacerlo —murmura.
No reconozco su voz. Pero reconozco la intención. Eso me basta por aho