Dante Salvatore Valcárcel
La llevo del brazo como si el mundo pudiera volver a quitármela entre un pasillo y otro.
Alessia camina despacio. No porque quiera parecer débil, sino porque su cuerpo todavía le cobra cada hora de encierro, cada golpe, cada droga, cada verdad que Amara le escupió a la cara como veneno. Su piel sigue pálida, las vendas en sus muñecas parecen recordatorios crueles de que la tuve que recuperar de una silla de hierro, y aun así camina con la barbilla levantada.
Esa mujer