Dante Salvatore Valcárcel
Hay momentos en los que el mundo se vuelve tan silencioso que hasta la sangre parece detenerse.
Este es uno de ellos.
Estoy sobre Alessia, cubriéndola con mi cuerpo, con el polvo de la explosión cayendo sobre nosotros como ceniza fina. La habitación azul, esa maldita caja de secretos donde Rafael Bellerose enterró más verdades que en su propia tumba, ha quedado rota. Los cuadros cuelgan torcidos. Los cristales cubren el suelo. La caja metálica sigue abierta dentro del