Con esa sensación de inquietud recorriéndola, encaminando sus pasos a donde, por su propio bien, no debería entrar, María decidió alejarse de eso que había llegado hasta ella, y tomó su mochila con la laptop, su celular y sus llaves, entonces cerró el gas, la toma de agua y las puertas del balcón, el patio y de la entrada para terminar subiendo a su coche y conducir por tres horas para llegar hasta la casa de su mamá.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó su madre al verla entrar a su habitación luego