El tiempo continuó pasando, y el plazo para volver a Monterrey se cumplió para Danilo.
—¿Por qué no te vas conmigo? —cuestionó el joven hombre a una chica que le veía comenzar a llenar unas maletas que no había visto por cuatro meses—. Monterrey te extraña, también mi abuela, y yo te voy a extrañar mucho más.
María negó con la cabeza mientras sonreía casi lacónica, Monterrey era un lugar que no había soñado con volver a pisar, porque le dolía lo que esa ciudad representaba.
—Yo no tengo nada a