El fin de semana se terminó y, contrario a su costumbre y ganas, muy tempranito María conducía de regreso a la ciudad en que residía en la actualidad.
La escritora había pasado un fin de semana muy agradable, tanto que pudo olvidarse a ratos de la razón que la había llevado a su ciudad natal. Pero, aunque le gustaría que sí, ella no podía establecerse en la comodidad, porque eso la hacía tomar decisiones que, por parecer fáciles, terminaban siendo siempre las equivocadas.
Y es que claro que ser