VERONICA
Después de que esa mujer abofeteara a Gabriel y se fuera con una mirada de desprecio, él se quedó sorprendido y confundido. Cuando me vio, se acercó a mí con una expresión de curiosidad.
—¿Qué haces aquí? —me preguntó, con una voz un poco brusca.
Me tomé un momento para responder, intentando encontrar las palabras adecuadas después de un momento tan tenso y raro.
—Discúlpame, pero tengo hablar contigo de algo importante —le dije, con una voz firme.
Gabriel me miró con una expresión de