VERONICA
Me senté en la acogedora cafeteria con Luciana, rodeada de suaves luces cálidas y el aroma a café recién hecho. La música de fondo era suave, permitiéndonos conversar sin distracciones. Luciana, con una expresión de preocupación, tomó mi mano.
—Verónica, ¿cómo aceptaste ese tipo de trato con tu jefe? —preguntó Luciana, su voz llena de curiosidad y empatía.
Me encogí de hombros, mirando hacia abajo mientras jugaba con mi servilleta. Sentía un nudo en el estómago al recordar la situación