VERONICA
Me arrodillé frente a mi amo, sentado en su sillón favorito. Su mirada intensa y dominante me hizo sentir un escalofrío de placer y sumisión. Me gustaba sentirme bajo su control, hacer lo que él me decía.
—Ven aquí, mi sumisa —dijo él, su voz baja y autoritaria—. Quiero que me muestres tu devoción.
Me acerqué a él, mi corazón latiendo con anticipación. Me coloqué entre sus piernas, mi rostro cerca de su regazo mientras el libero el miembro grueso que me hizo temblar el interior.
—Míram