El peor castigo: 13. El sexo y los latidos
Desde ese día, Emma evitó a todo pronóstico salir de la habitación, y cuando lo hacía, era porque las reglas de aquella familia así lo exigían. Bajaba con tiempo suficiente para llegar al comedor y comía sus alimentos con poco entusiasmo. Luego se disculpaba y se retiraba sin decir más.
La abuela de Matías intentaba acercarse a ella de alguna forma, entablar una conversación y ofrecerle su más sincera amistad, y es que a pesar de la advertencia que le había dado su nieto respecto a esa muchacha,