El peor castigo: 12. Vete. Vete ya, Matías
— ¿Y bien? — preguntó después de largos segundos de silencio.
— Yo… no sé de lo que estás hablando — mintió, por supuesto, que lo sabía. Esa pesadilla otra vez. El temor a que esos hombres cumplieran la promesa de hacerle daño la atormentaba constantemente.
— No mientas. Te escuché, así que responderás ahora.
Emma sintió en ese momento esas terribles ganas de decirle que él era ese hombre, pero… ¿Qué sentido tendría? Él la creía la peor de las personas, y por más que le hablara con la verdad, no