CAPÍTULO 32. Una entrega voluntaria
CAPÍTULO 32. Una entrega voluntaria
Durante unos segundos, todo el salón contuvo la respiración. Las copas quedaron suspendidas a medio camino de los labios, la música siguió sonando como si no se hubiera enterado del drama, y las miradas fueron saltando de un rostro a otro, buscando entender quién iba a ser el siguiente en hablar.
Y contrario a todo pronóstico, fue Dorothy quien rompió el hechizo, avanzando un paso con el mentón en alto y los labios apretados por la indignación, como si aquel