KATIA VEGA
Como cada vez que me sentía sola, llegué a ese muro de piedra y me senté para ver como el sol se escondía en el horizonte, sumiéndose detrás de las copas de los árboles, mientras mis dedos jugaban con el anillo de bodas.
—Katia… —escuché su voz detrás de mí, pero no volteé, no quería verlo.
—Cuando Arturo era muy pequeño, mis padres decidieron dejarnos aquí con los abuelos. Mi hermano era demasiado joven para comprenderlo, pero yo lo supe desde el momento en el que ellos se despi