MARCOS SAAVEDRA
Era la primera vez que le regalaba flores y no supe cómo explicar lo que me hizo sentir su sonrisa. Mis latidos se desquiciaron, mi corazón parecía rebotar dentro de mi tórax y mis ojos escocieron al notar su semblante cansado. Bajo la luz de la luna me percaté de que sus mejillas estaban desapareciendo, sus ojos se veían hundidos y su piel parecía demacrada.
Katia se estaba marchitando y comprendí que Arturo tenía razón, yo era un maldito egoísta, ¿cómo es que no me di cuenta