KATIA VEGA
—No, señor Saavedra, por favor… es injusto. No lo entiende… —suplicó el señor Esquivel, desesperado, con la angustia palpitando en sus ojos.
—Claro que lo entiendo, está a nada de perderlo todo —continuó Marcos, regodeándose—. Espero que el mediocre de su yerno sea capaz de encontrar una solución, porque mientras se mantenga en este país, ningún negocio florecerá en sus manos, cualquier cosa que lleve el nombre Esquivel de respaldo, se pudrirá, de eso me encargaré.
Los Esquivel hab