KATIA VEGA
—¡Ya estoy cansada! —exclamó Lisa y alzó sus manos hacia nosotros—. Tengo cada dedo lleno de ampollas. Yo saco fotos, escribo artículos, no soy granjera.
Marcos y yo llegamos a la conclusión de que a veces un clavo si puede sacar otro clavo. Por mucho que Arturo estuviera obsesionado con Stella, Lisa era su amiga, habían compartido momentos agradables y por cómo reaccionó cuando ella estaba encerrada, era seguro que no la dejaría morir sola. —¿Qué hay de Arturo? ¿No te ha ayudado? —