Madison
El despertar no vino acompañado de la habitual pesadez en el pecho. Al contrario, lo primero que registré fue una calidez difusa y el sonido rítmico de una respiración profunda justo encima de mi cabeza. Abrí los ojos lentamente, desorientada por un segundo, hasta que el tacto del terciopelo gris y las mantas de cachemira me devolvieron a la realidad.
Seguíamos en el sofá cama de la sala. Pero no estábamos en extremos opuestos.
Durante la noche, el frío o el instinto nos habían empu