Madison
El mundo exterior dejó de existir durante los siguientes minutos. Las manos de Brandon seguían firmes en mi cintura, pegándome a su cuerpo con una urgencia que me hacía temblar las piernas. El beso continuó, volviéndose cada vez más profundo, más cálido, un vaivén de labios y respiraciones aceleradas que borraba por completo el rastro amargo de la llamada de mi padre. Estar entre sus brazos, sentir su piel caliente y sus cicatrices contra mis dedos sin que él intentara esconderse, era