Mientras la tarde daba paso a la noche y los envolvía con su apacible manto, Stephen condujo a Anna hacia el helicóptero que los esperaba. Vestía un elegante abrigo negro que resaltaba la amplitud de sus hombros. Anna, cuyo vientre de embarazo se mecía suavemente con cada paso, llevaba un cálido abrigo invernal color marfil con un delicado ribete de piel. Sus ojos brillaban con una mezcla de emoción y nerviosismo.
Una vez acomodados en la cabina, el suave zumbido de las hélices llenó el aire, d