Anna estaba sentada sola en la sala, vistiendo un vestido sencillo pero elegante que le llegaba a las rodillas. La luz del sol entraba a raudales por los altos ventanales y danzaba sobre la lujosa alfombra, pero Anna no le prestaba mucha atención a su elegante entorno.
Estaba concentrada en su mano, donde un único anillo de diamantes brillaba en su delgado dedo, y sonrió al recordar el hermoso momento de la noche anterior, cuando Maxwell se hincó sobre una rodilla y le pidió que pasara el resto