La habitación blanca parecía una tumba. Anna se reacomodaba inquieta en la silla de plástico duro, con el corazón martillándole contra las costillas. Cada nervio de su cuerpo le suplicaba que diera media vuelta y huyera, pero se obligó a quedarse. Hoy iba a enfrentar su pasado, uno que esperaba haber enterrado para siempre. Tenía que hacerlo para poder seguir adelante.
Sonó un timbre y un grueso panel de vidrio reforzado se deslizó hacia abajo, revelando el rostro que tanto temía ver. Jimmy. At