El aire de la noche estaba cargado de un frío implacable, pero no era el clima lo que helaba el ambiente. Eran sus miradas. Lilith avanzaba con paso firme hacia la camioneta, guiada por Sergei, después de intercambiar miradas con Kamill ella lo dejó atrás. No tenía absolutamente de que preocuparse puesto que, lo que ocurra con Kamill Becker no tenía nada que ver con ella. Pero detrás de ella, el eco de unos pasos resonó con autoridad. No tuvo que voltear para saber quién era.
Una presión en el