Lilith llevaba tres días encerrada en esa habitación que se sentía más como una tumba que un refugio. La penumbra era sofocante, pero no tanto como el peso en su pecho. Tres días sin comer, con el alma hecha pedazos, pensando en aquella conversación que su madre quiso tener con ella, pero Lilith sentía repugnante estar cerca de Sonia, entonces solo había vuelto en la habitación y a su madre no le importaba en lo absoluto ella disfrutaba saber que Lilith estaba destruyéndose con cada segundo que