Después de leerle el cuento a Laura, Guillermo y Valeria se miraron con complicidad. Ambos sabían que era el momento perfecto para compartir con la pequeña niña la fabulosa noticia.
—Laura, cariño —comenzó Guillermo, agachándose a la altura de su hija—. Tenemos algo muy especial que contarte.
Laura, con los ojos brillantes de curiosidad, sonrió y se acomodó en su cama.
—¿Qué es, papá? ¡Dímelo ya! ¿Se trata de un regalo? —decía emocionada.
Valeria tomó la mano de Guillermo, sintiendo una mezcla