Cuando regresaron a la mansión, el ambiente estaba cargado de tensión. Tania, con una sonrisa que no lograba ocultar su ambición, se adelantó rápidamente.
—Yo me encargaré de llevar a Laura a su habitación —anunció, casi con un tono de autoridad.
Pero Valeria, con lágrimas asomando en sus ojos, se interpuso decidida.
—No Tania, yo la llevaré.
Guillermo, consciente de la creciente fricción entre las dos mujeres, intervino de inmediato.
—Valeria, por favor, deja que Tania lleve a Laura a su habit