Guillermo, con el sobre aún en sus manos, se sintió abrumado por una mezcla de ansiedad y expectativa. La tensión en el aire era palpable, y Tania, consciente de la gravedad del momento, contenía la respiración.
— ¿Qué dice, Guillermo? —preguntó Tania, su voz temblorosa revelando su nerviosismo.
Guillermo, tras una pausa que pareció eternidad, finalmente rompió el silencio.
— Los resultados son claros, Tania. El niño es... es mío.
Un suspiro de alivio escapó de los labios de Tania, aunque su ex