Javier respiró hondo, intentando calmar su corazón que latía desbocado. La idea de que Valeria pudiera entrar en ese momento lo llenaba de pánico. No podía permitir que todos sus planes se destruyeran por un momento de calentura.
—Tania, por favor, ¡rápido! Vístete y enciérrate en el baño, Valeria quiere entrar—susurró, mientras miraba hacia la puerta, donde Valeria seguía llamando.
Tania, aún aturdida, se levantó de la cama y comenzó a buscar su ropa en el desorden de la habitación. Javier, p