Valeria y Javier caminaban por el parque, disfrutando del aire fresco que los rodeaba. Javier intentaba mantener la conversación en un tono ligero, pero Valeria seguía sumida en sus pensamientos.
—¿Sabes? —dijo Javier, rompiendo el silencio—. Este lugar siempre me ha parecido mágico. La tranquilidad del parque contrasta con el caos de la vida cotidiana.
Valeria asintió, aunque su mente estaba distante. La imagen de Guillermo, molesto y dolido, no dejaba de rondar en su cabeza.
—Tienes razón —re