CAPÍTULO 74
El señor Navarro presidía su lado de la mesa con la rectitud de un juez, flanqueado por su contador principal, el señor Estrada, un hombre de rostro inexpresivo y ojos agudos que parecía capaz de leer las mentiras entre los números.
Roberto de la Vega observaba la escena con una satisfacción contenida, mientras Rodrigo jugueteaba con su pluma, lanzando miradas furtivas a su primo. Alexander, por su parte, mantenía la espalda recta, con el rostro endurecido por la sospecha. Sabía que