CAPÍTULO 63
Rodrigo de la Vega, con una camisa de lino que ya empezaba a mostrar manchas de sudor, observaba el entorno con un desprecio mal disimulado. A su lado, su padre, Roberto, mantenía una expresión de aburrimiento soberano, mientras que Fernando Castillo permanecía un paso atrás, con esa sonrisa servil que utilizaba como máscara.
— La verdad, Fernando, es que no sé qué hacen aquí ustedes dos —soltó Rodrigo, rompiendo el silencio con su tono habitual de arrogancia—. Nosotros no tuvimos o