CAPÍTULO 48
Alexander de la Vega no regresó a la mansión esa noche.
Después de salir de la casa de Lucía condujo directamente hacia el centro de la ciudad, hacia el ático de lujo que había sido su hogar durante la última década.
Necesitaba recordar quién era antes de que una veterinaria y dos huérfanos pusieran su mundo de cabeza. Quería volver a sentir, aunque fuera por unos minutos, lo que era su antigua vida: el silencio perfecto, el control absoluto, la ausencia de caos emocional.
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