CAPÍTULO 49
Alexander cerró la puerta de la habitación con un clic suave que resonó como un disparo en el silencio de la noche.
Por fuera, mantenía la compostura estoica de siempre, esa máscara de mármol que había perfeccionado durante años de negociaciones hostiles. Si alguien lo hubiera visto en ese momento, habría dicho que era el retrato de un hombre satisfecho: su esposa acababa de cerrar el trato del año, las acciones de VegaCorp estaban al alza y la familia parecía unida ante la prensa.