CAPÍTULO 38
El Aston Martin gris plata se encontraba estacionado discretamente a media cuadra de la Clínica Veterinaria Flores.
Alexander de la Vega llevaba allí desde el mediodía.
Jamás se lo confesaría a Lucía. Su orgullo no le permitiría admitir que, en lugar de irse a jugar al golf o a conspirar con abogados como haría cualquier esposo despechado y destronado, se había pasado horas haciendo guardia frente al negocio de su mujer como un adolescente obsesivo.
Había intentado trabajar. Tenía