CAPÍTULO 27
El almuerzo llegó a su fin con el último sorbo de café expreso.
Lucia miró la pantalla y su expresión se tensó de inmediato. No era una llamada social; era su tono de "urgencia veterinaria".
— Disculpen —murmuró, contestando al segundo timbrazo—. Habla la doctora Flores.
Alexander la observó con los ojos entrecerrados, buscando en su rostro algún indicio de culpa, algún rastro de ese tal "Mateo". Pero Lucía solo mostraba concentración profesional.
— Entiendo. No lo muevan. Mantengan