CAPÍTULO 26
Augusto golpeó el suelo con su bastón, rompiendo el momento de silencio reflexivo tras la revelación de que Lucía había construido todo sola.
— Bueno —anunció el patriarca con voz tronante—, ver tanta eficiencia y tanto bisturí me ha abierto el apetito. Y mi reloj biológico dice que ya es hora de almorzar.
Matilde miró a su esposo con una sonrisa indulgente.
— Augusto, acabamos de desayunar hace tres horas.
— Eso fue un trámite, mujer. Ahora hablo de comida de verdad. —Se giró hacia