CAPÍTULO 20
La casa estaba sumida en un silencio respetuoso, muy diferente al bullicio de la gala. Los equipos de limpieza ya habían borrado cualquier rastro de la fiesta.
Al llegar al salón de desayuno, Lucía se encontró con que la mesa principal estaba casi vacía. Augusto y Matilde seguramente descansaban en sus habitaciones, y Alexander... bueno, Alexander era una máquina que funcionaba con café y ambición; probablemente llevaba horas en su oficina.
Sin embargo, el salón no estaba desierto.