CAPÍTULO 18
Fernando Castillo.
Su director legal. El hombre al que le pagaba un sueldo millonario y al que invitaba a sus fiestas corporativas, era el mismo miserable que había destrozado la vida de su esposa hacía diez años.
La ironía era tan amarga que Alexander sintió el sabor de la bilis en la garganta. Había acusado a Lucía de tener un amante, cuando en realidad ella acababa de enfrentarse a su peor fantasma. Se sintió estúpido. Y Alexander de la Vega odiaba sentirse estúpido.
Sacó su