CAPÍTULO 137
Al escuchar su negativa, la paciencia de su padre se evaporó por completo.
Rodeó la cama con pasos rápidos y pesados, sus zapatos desgastados golpeando el suelo de linóleo con una cadencia amenazante. Samanta intentó retroceder, encogiéndose contra la cabecera de la cama, buscando hacerse pequeña, invisible, pero él fue más rápido. La tomó por el brazo con una fuerza brutal.
— ¡Me sueltas! —exigió ella, forcejeando inútilmente. El dolor le subió por el hombro, agudo y punzante.
Su