CAPÍTULO 126
Kai, se había echado a los pies de Lucía, suspirando con fuerza, como si él también estuviera aliviado de que los gritos hubieran cesado. Benicio y Thiago, vencidos por el sueño y la emoción, se habían acomodado en un sofá lateral, observando a los adultos con ojos pesados pero atentos.
Augusto se aclaró la garganta, rompiendo el silencio que había seguido a la declaración de intenciones de Alexander. El patriarca miró a su nieto favorito con una mezcla de curiosidad y orgullo.
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