CAPÍTULO 125
(Días antes, inmediatamente después del colapso en la sala de juntas)
El sonido de la sirena era ensordecedor, un aullido constante que parecía rasgar el tejido de la realidad. Dentro del habitáculo trasero de la ambulancia de alta complejidad, el mundo se sacudía violentamente con cada bache, cada giro brusco y cada frenazo en el tráfico de la ciudad.
— ¡Aguanta, Augusto! ¡Por favor, no me dejes! —susurraba ella, con los ojos llenos de lágrimas, ignorando al paramédico que ajustab