CAPÍTULO 112
Pasó una semana. Una semana de silencios incómodos en los pasillos de la empresa y de miradas esquivas entre los empleados. La tensión era insostenible. Finalmente, llegó la convocatoria que todos temían y esperaban a la vez.
El abuelo, Augusto de la Vega, los citó en la sala de juntas principal del edificio VegaCorp.
Estaban los cinco hombres de la familia.
Roberto, el hijo mayor, Ricardo, el hijo menor, y los dos nietos Rodrigo y Alexander. A sus ochenta años, Augusto, caminaba de