23. La confesión de un sentimiento
La noche cayó lentamente sobre Londres. En su apartamento silencioso, James estaba sentado al borde de la cama, mirando la pantalla de su teléfono donde aparecía un solo nombre: Emma. Sus dedos dudaron varias veces antes de presionar finalmente el botón de llamada.
El tono de espera sonó largo. El corazón de James latía de forma irregular, como el de alguien que aguarda algo que teme y anhela al mismo tiempo.
—¿James? —la voz suave al otro lado finalmente se oyó, un poco ronca, como si acabara