146. Casi morir antes que tú
La sirena se hizo más fuerte.
Las luces azules rebotaban en las paredes del dormitorio, sombras inquietas que se negaban a quedarse quietas. Emma nunca había odiado el sonido de una ambulancia. Esa noche, se sentía como agujas atravesando directamente su pecho.
—James, escúchame —dijo, sosteniendo su rostro para que siguiera mirándola—. Mantente despierto. Mírame.
La respiración de James se volvió irregular. Su mano presionaba el lado izquierdo de su pecho, sus dedos sin color. El sudor frío pe