113. La pérdida se convierte en ira
Harry subió las escaleras con pasos más pesados que antes. Cada crujido de la madera resonaba suavemente, como si marcara algo que ya no podía deshacerse. Ethan estaba en la puerta de su habitación, con los ojos entrecerrados, el cabello desordenado y aferrando con fuerza su coche rojo de juguete.
—¿Papá? —repitió el niño, con la voz frágil.
Harry se arrodilló, forzando una sonrisa.
—Papá ha salido un momento con mamá —dijo con suavidad, eligiendo sus palabras con cuidado—. El tío Harry se qued