112. Sombras que no se desvanecen
Harry levantó el rostro lentamente. Sus ojos se encontraron con la mirada de James—calma, pero firme, como una línea ya trazada y nunca destinada a moverse de nuevo.
—No mentí —dijo Harry al fin. Su voz era baja—. Solo… no conté todo.
James se recostó en la silla. Una mano acariciaba suavemente la espalda de Ethan, el niño ya dormido otra vez, su respiración acompasada contra el pecho de James.
—Esa es la definición peligrosa —dijo James—. Especialmente cuando lo que está en juego no soy solo y