―¿Por qué tiemblas, Priscilla?
Apoya la palma de su mano derecha a un lado de la pared en la que me encuentro recostada. De esa manera me acorrala y limita mis movimientos. Quedo atrapada entre su cálido cuerpo y la fría pared de concreto. Me deja sin la posibilidad de que pueda escapar de él.
—Aquí está mi familia, así que… —esta vez me aprisiona contra su cuerpo y puedo sentir la manera en que mis pechos se hunden en la piel sólida de su torso—, tengo derecho a estar en el mismo lugar en el