El vapor todavía llena la ducha, cubriendo el cristal de una neblina espesa.
Lucy se apoya contra la pared fría de mármol, la respiración entrecortada, mientras el agua resbala por su piel.
Sawyer está frente a ella, una mano sobre su cadera y la otra contra el muro, como si con eso pudiera mantenerla allí, a su merced, un poco más.
Acaban de hacer el amor, pero no es suficiente. Ni para él ni para ella.
Sus cuerpos laten al mismo compás, temblorosos, pidiendo más.
Lucy intenta recuperar el