La tensión se siente en todo el cuarto. Lucy observa a Justin y luego a Sawyer, y de Sawyer de nuevo a Justin.
Su corazón late desbocado, la adrenalina le recorre el cuerpo, y no puede creer que Sawyer esté sujetando por el cuello a su propio hijo.
Todo su ser grita por salir de allí, pero al mismo tiempo sabe que no puede apartar la mirada.
Es como si estuviera atrapada entre dos tormentas: la furia que hierve en su interior y el miedo de que la situación se salga de control.
Respirar el m