Aspen estaba sentada frente a Elliot y Thea Campbell en el comedor del hospital, sosteniendo su carpeta de notas con fuerza.
La luz del mediodía entraba por los ventanales, pero a ella no le llegaba, atrapada como estaba en la tensión que impregnaba la habitación.
Su papel era ajustar los detalles de su pago como trabajadora social, un trámite rutinario que había pasado por alto cientos de veces, y sin embargo, aquel día se sentía distinta, incómoda, como si cada palabra que dijera tuviera un