El mundo parecía mucho más claro que horas atrás.
Lucy despertaba con la certeza de que había sobrevivido a algo que no alcanzaba a comprender del todo, y la calma se mezclaba con una extraña vulnerabilidad.
Sus dedos se entrelazaban con los de Sawyer, aferrándose a esa mano como si fuera su ancla en medio de la tormenta.
El alivio era inmenso: el bebé estaba bien, ella estaba bien, todo había salido como debía. Y sin embargo, había algo en el rostro de Sawyer que le provocaba un pequeño nudo